PUBLICACIONES SOBRE ARTE Y SOCIEDAD. ARTÍCULO Nº5

Al poco de cumplir 18 años me inscribí en la facultad de bellas artes. En una de las primeras clases, nos plantearon una pregunta muy sencilla: “¿Qué es para ti la escultura?”. Casi todos contestamos algo así: “La representación de objetos mediante la talla o el modelado con materiales como la piedra, el metal o la madera”. La respuesta de nuestro profesor fue muy distinta: “La escultura también puede ser el espacio entre tu mirada y la mía”. 

Casi recién salida del nido, yo no podía creerme del todo semejante afirmación. 

Con el tiempo descubrí que esta y otras expresiones artísticas que se desprenden de ella tienen una abrumadora gama de posibilidades. Sin embargo, han sido supeditados a la hegemonía de la pintura como el arte por antonomasia. 

Una vez alguien definió la escultura también como “Aquello con lo que te tropiezas en un museo, cuando te alejas de un cuadro para contemplarlo con distancia”. 

Y eso por no hablar de las -injustamente denominadas- artes menores, como es el caso de la cerámica, uno de los campos creativos más complejos que existen. 

Se trata de un tipo de arte mágico, casi sagrado; un proceso alquímico en el cual el artista debe ser conocedor no solo de las formas y los colores sino también de las tierras y sus durezas, de la composición química de los esmaltes, de las temperaturas óptimas para la quema, etc. Debe, además, dominar hasta el más mínimo detalle durante la mayor parte del proceso pero en el último instante, cederá el control a los elementos naturales que intervienen en la cocción. Es por ello un procedimiento realmente complejo. Si el oxígeno entra en el horno un esmalte puede cambiar su color rojo carmín al verde oscuro. Así es el fuego quien tiene siempre la última palabra. 

La búsqueda de la creación artística en el campo de la tridimensionalidad nos ha dejado formas de expresión tan potentes como el happening, las instalaciones, el videoarte, las intervenciones en el espacio público… Si todavía no has escuchado hablar de estos términos tienes que saber que hay mucho que te estás perdiendo. 

Y es que es muy cierto que la escultura puede ser el espacio entre tu mirada y la mía. Los espectadores de la performance de Marina Abramovic, que para entrar a un museo tuvieron que atravesar el espacio acotado por los dos cuerpos desnudos de esta artista y su amante, entendieron bien esto de lo que te hablo. 

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *