PUBLICACIONES SOBRE ARTE Y SOCIEDAD. ARTÍCULO Nº 6

Hay un lugar destinado a los niños, pero donde algunos adultos llegamos a conmovernos hasta llorar o reír a carcajadas; donde podemos quedarnos sin necesidad de encontrar una razón pragmática, solo por el mero hecho de estar presentes. Allí la imaginación se dispara, nuestra visión se agudiza y abrimos la mirada al encuentro fabuloso de los pequeños detalles de la vida; la cotidianidad se vuelve una invitación para reflexionar sobre temáticas grandilocuentes o para divertirse con soberanas tonterías. Este territorio desconocido para muchos es el mundo del álbum infantil ilustrado. 

Suelen ser libros de cubierta rígida y cuentan con alrededor de 32 páginas en las que existe una relación simbiótica entre palabra e imagen. De este modo el texto no se puede descifrar sin la presencia de la ilustración y viceversa.

Los escritores e ilustradores que trabajan en este género literario cuentan con un dominio maravilloso del arte de decir mucho con muy poco. Nada tienen que envidiar a los mejores literatos o pintores de renombre. Son artistas en el más profundo sentido de esta palabra y sin embargo, existe cierta creencia generalizada de que la literatura para niños no tiene el mismo valor que aquella destinada a los adultos.  

En mi caso algunos de estos libros han llegado a sobrecogerme del mismo modo en que pudiera hacerlo una obra de Cortázar o una tela gigante de Tápies. 

El mundo del álbum ilustrado es un lugar subrepticio y seguramente infravalorado. Al igual que esta ciudad nuestra que parece ajena a la escena cultural de vanguardia de la región y, a pesar de ello, cuenta con una editorial joven que ya ha sido premiada en una de las ferias internacionales más importantes de este género. 

No somos pocos los que, desde hace más de un año, nos encontramos en el local de una asociación del centro de Almería para hablar sobre este tipo de libros: ilustradores, escritores, docentes, narradores o editores (que publican tanto dentro como fuera de nuestras fronteras) acudimos a esta cita ineludible organizada por el colectivo Espacio Campingás. 

Resulta que en territorios áridos como estos también hay cabida para el talento creativo más extraordinario. Si bien es necesario poner en valor la necesidad de seguir plantando semillas en el desierto. Lo tenemos más complicado pero ya hay muchos que se abren paso. ¿Un ejemplo? El álbum “Méliès” de la editorial Libre Albedrío. 

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *