Publicaciones sobre arte y sociedad: artículo nº 3

No recuerdo con total exactitud la historia. La leí hace demasiados años. Pertenece a un libro imprescindible de Cynthia Freeland llamado “Pero, ¿esto es arte?”. Decía más o menos así:
En el vagón de un tren que iba camino a algún campo de concentración en Polonia, había un ventanuco por el cual solo podía asomarse una persona a la vez. Los prisioneros judíos estaban desconcertados porque no sabían hacia dónde se dirigía aquella máquina de vapor, así que todos querían mirar a través del pequeño cristal. Como eso no era posible, decidieron turnarse para ocupar el privilegiado lugar. Eso sí, el afortunado que se encontrara con esa visión del exterior, tendría que relatar a sus compañeros la escena que estaba contemplando con todo lujo de detalles. De esta forma, tal vez pudieran encontrar alguna pista, un indicio que les revelara cuál iba a ser el destino de aquel viaje. Y además, podrían sentirse reconfortados por un momento, compartiendo esa visión liberadora, olvidándose de aquel espacio frío y oscuro donde se encontraban hacinados.
La locomotora marchaba a toda velocidad y el grupo comenzaba a darse cuenta de que ciertos hombres tenían más facilidad que otros para narrar el camino. El relato común hacía referencia a casas aisladas, montañas, carreteras y vehículos; la pobreza de esas descripciones solo lograba desalentar más aun al conjunto de los prisioneros.
Sin embargo, cuando llegaba el turno de algunas voces, el alegato se transformaba en una historia rica en matices, en impresiones, en ritmos, en adjetivos que describían uno u otro sendero, que hablaban de la luz y del color del paisaje. La narración se volvía tan sensitiva que el desgraciado auditorio casi podía imaginarse fuera del vagón, corriendo por el campo y en plena libertad.
Llegó pronto el acuerdo tácito de que esos pocos hombres, habrían de ser los ojos del tren sin destino; un remanso de paz en la incertidumbre de aquel largo viaje. Lo creas o no, la función de un artista es tan necesaria para nuestra supervivencia como la del maestro, la del abogado o la del doctor.
En esta sociedad perdida en la que nos hemos convertido, que va a toda velocidad y sin rumbo fijo, todavía hay quienes a través de la palabra, de la música o del arte, crean experiencias más allá del miedo y la incertidumbre que nos acompañan en el camino. Todavía hay voces que hablan de otra realidad posible, acaso mejor.


#MariaMorenoArte #SemillasEnelDesierto

https://www.diariodealmeria.es/opinion/articulos/Narrar-camino_0_1466253469.html


Publicaciones sobre arte y sociedad: artículo nº 2

“¿Me podrías explicar cual es el significado de eso que estás pintando?”

Me habían invitado a hacer un mural en directo en un encuentro de mujeres emprendedoras en la provincia. Y allí estaba yo, brocha en mano, manchando una tela enorme mientras un montón de gente paseaba por el pabellón y miraba con más o menos interés lo que hacía.

Alguien me tocó en el hombro. Yo volví la vista hacia atrás. Un hombre desconocido para mí se sostenía el desconcierto de su cara con la mano. Y en tono amigable, me dijo que no entendía en absoluto lo que estaba haciendo.

Es curioso: si en lugar de un lienzo, hubiera estado frente a una pizarra y no pintando, si no escribiendo una fórmula matemática, ese hombre nunca me habría lanzado semejante pregunta. 

En ambos casos, hay un lenguaje de símbolos y caracteres que son incomprensibles para alguien que nunca haya investigado en estos campos (la pintura o la ciencia); en ambos casos se requiere de cierto esfuerzo, formación o sensibilidad para ser capaz de desenvolverse entre estos signos y descifrarlos. 

Sin embargo, hay mucha gente que careciendo de la menor noción de cultural visual,  se aventura a ex(im)poner su criterio, considerándolo tan válido como cualquier otro. 

Que el arte es subjetivo es una falacia bien extendida: hay inclinaciones, tendencias, gustos más o menos refinados, pero todos ellos han de moverse entre unos valores que son puramente objetivos. Hay cuestiones determinantes con respecto a la composición, el gesto, el equilibrio, el peso visual, el trazo…

En arte no todo vale.

Y es cierto que no podemos referirnos a una pintura como si fuera un mero ideograma. Como diría un antiguo profesor de mi facultad, una obra es casi como una presencia de la que emanan no sólo numerosos significados, si no también muy diversas sensaciones.

Hay personas que poseen una sensibilidad genuina para percibir esas presencias. Pero la mayoría de los que compartimos la pasión por el arte hemos entrenado la mirada a fuerza de contemplar muchas imágenes, asistir a exposiciones, interesarnos por la pretensión de los artistas, etc.

“Mire después de cinco años de carrera universitaria, dos en la escuela de arte, tres trabajando en una galería y otros tantos dedicándome a este oficio, sigo encontrándome con obras que ni yo misma entiendo. Pero hay algunas cosas que podría contarle. Eso sí, tendrá usted que sentarse” le respondí. 

https://www.diariodealmeria.es/opinion/articulos/arte-vale_0_1462053881.html

#mariamorenoarte #semillaseneldesierto 

Nuevo proyecto: publicaciones sobre arte en colaboración con el diario local

“Tentativas de vuelo ” 

Lo peor de dedicarse a esto del arte no es la mueca de extrañeza en la cara de un desconocido cuando te preguntan por tu profesión; no es luchar contra el estereotipo manido de que tienes que ser un bohemio, un vividor, (o un intelectual que solo habla sobre Nietzsche y la profundidad del ser); o que no te tomen en serio; no es el enfrentarse todo el tiempo con el juicio ajeno cuando expones tu obra y por ende, a ti mismo.

Lo peor es ser consciente de que cada día alguien de este gremio se queda por el camino; de que un poema, una canción o una escultura nunca saldrá a la luz, porque hay un artista que ha dejado de crear o peor aún, ni siquiera se ha dado la oportunidad de determinarse en la creación. Hay alguien que ha decidido ser profesor -sin ninguna vocación- o se ha puesto a vender seguros para buscar una mejor estabilidad económica

Son actores, bailarines, poetas, pintores, escultores, diseñadores o músicos que se han cansado de que la gente no les tenga en consideración, de que no tomen en serio su oficio y de la precariedad laboral.

Ese concierto no es tan caro, si tienes en cuenta que hay cinco personas que están invirtiendo su tiempo y su esfuerzo en llevarlo a cabo. Ese espectáculo de danza, es bastante económico si consideras que los bailarines han estado trabajando un mes para que tú puedas disfrutar durante una hora.

Comprar una pintura en cualquier galería de la ciudad, puede costar lo mismo que un fin de semana de cervezas. Los precios de los cuadros son más asequibles de lo que la gente se cree.

Puede que vengan “malos tiempos para la lírica”, porque todos sabemos que el sector cultural es uno de los más vulnerables en períodos de crisis. 

Por eso este mensaje,

a nuestro ministro de cultura: Uribes, si no vas a hacer nada útil, échate a un lado o al menos  pide consejo a Guirao.

a los colegas de profesión: ánimo y paciencia. No hay que tener miedo.

al resto del mundo: aprendamos a respetar a la gente que se deja la piel en un trabajo tan difícil, a dar el valor que merecen el arte y la cultura dignificando este oficio maltratado.

Al fin y al cabo, si no fuera gracias a la creatividad en todas sus formas, este encierro sería insufrible para todos nosotros. Piénsalo.

https://www.diariodealmeria.es/opinion/articulos/Tentativas-vuelo_0_1457854330.html